¿Cartagena dejó de ser beisbolera?
La afirmación que hoy ronda en algunos foros virtuales —esa idea de que Cartagena “dejó de ser beisbolera”— no solo es polémica; también es meliflua. El béisbol no es una moda pasajera ni un gusto circunstancial: es un tejido identitario profundamente arraigado, formado por tradiciones barriales, memorias familiares y un linaje histórico que sostiene al deporte como un componente ontológico del ser cartagenero. Pretender medir el amor por el béisbol con variables de rating, interacciones digitales o asistencia reciente a los estadios es desconocer la sociología del deporte local y el peso de la tradición. Aunque el estadio recientemente se ha llenado en el torneo de béisbol profesional, sigue el estigma de la gratuidad, el cual analizaremos más adelante.