Sobre un año de enredos
Estación Berenjenal, a la que llegaron profetas incumplidos (malabaristas), políticos que dijeron una cosa y la realidad les respondió con otra, dictadores que parecieron bolos a los que la bola los rozó y no pudo tumbarlos, economistas que hicieron cálculos y resultaron admitiendo que así no era (la economía es una femme fatal, se dijo), barcos y submarinos que parecieron más ballenas y orcas y cada tanto se tragaron algo, misiles y drones que espantaron a los pájaros y acabaron haciendo volar edificaciones y gente, fotos y papeles raros metiéndose en las intimidades de pecados viejos, redes e influenciadores que bailaron mal gritando pisones que no sintieron, mentiras que hicieron nido y al fin las borró la agenda informática (gran lavadora de memoria), inmigrantes que fueron metidos en la licuadora del se van o se esconden, legalistas que torearon la justicia, premios Nobel con show incluido (el de la paz, por ejemplo), ansiosos a la defensiva explotando por cualquier lado, hombres y mujeres perdidos y preguntando por dónde se devuelven. En fin, el 2025 fue un año de confusiones, sustos, atropellos, delirios, invenciones de excusas y terapias propagandísticas para tratar el arrepentimiento, la equivocación y los desmanes. Y bueno, ya pasó, aunque falta la colita.